miércoles, 16 de mayo de 2012

noviazgo y matrimonio en la vida cristiana


El noviazgo en la época actual
        El noviazgo en su forma actual se caracteriza por una mayor libertad e independencia de criterio, frente a lo que era práctica habitual en otras épocas, a la hora de elegir pareja. A la vez la relación hombre-mujer en el matrimonio se va alejando de los patrones tradicionales. Pero siempre será el tiempo de conocerse recíprocamente en cuanto a carácter, sentimientos, gustos, aficiones, ideales de vida, religiosidad, exigencias para un compromiso conyugal, etc. Puede ser también una excelente escuela de formación de la voluntad, que combate el egoísmo, fomenta la generosidad y el respeto, estimula la reflexión y el sentido de responsabilidad. Es, en definitiva, el tiempo de preparación al matrimonio, tiempo que no debería ser ni demasiado corto (pues no se alcanzaría verdadero conocimiento), ni demasiado largo, que podría constituir una pérdida de tiempo, con perjuicio sobre todo para la mujer, y ocasión de tentaciones. El Magisterio lo presenta como «una preparación a la vida en pareja, que presentando el matrimonio como una relación interpersonal del hombre y de la mujer a desarrollarse continuamente, estimule a profundizar en los problemas de la sexualidad conyugal y de la paternidad responsable, con los conocimientos médico- biológicos que están en conexión con ella, y los encamine a la familiaridad con rectos métodos de educación de los hijos, favoreciendo la adquisición de elementos de base para una ordenada conducción de la familia (trabajo estable, suficiente disponibilidad financiera, sabia administración, nociones de economía doméstica, etc.) » 
        En todo caso, «el noviazgo debe ser una ocasión de ahondar en el afecto y en el conocimiento mutuo. Y, como toda escuela de amor, ha de estar inspirada no en el afán de posesión sino por el espíritu de entrega, de comprensión, de respeto, de delicadeza



Duración del noviazgo
        La prudencia cristiana ha aconsejado siempre que la duración del compromiso antes del matrimonio sea relativamente breve. Eso no significa que no deba haber un profundo conocimiento mutuo, sino que para alcanzar ese conocimiento es suficiente una etapa de trato recíproco y de amistad previa al establecimiento del compromiso. Por tanto, en este periodo, las manifestaciones de confianza que resultan adecuadas se miden por los cánones propios de la amistad en general, no con aquellos del compromiso del matrimonio.
        Es frecuente, sobre todo en personas bastante jóvenes, que deseen establecer muy pronto un compromiso de este tipo, porque confunden la convicción subjetiva de la seriedad de sus intenciones con la realidad objetiva de la situación en que se encuentran. En estos casos puede suceder que, aun queriendo excluir comportamientos que son ocasión próxima de pecado, piensen equivocadamente que la firmeza de su decisión les autoriza a tener expresiones de confianza y de afecto más íntimas que las que son propias de una mera amistad. Permitirse tales manifestaciones cuando prevén una larga permanencia en esa situación, es una imprudencia seria, pues se habitúan a un régimen de intimidad que les expone a tentaciones graves y que, en sí mismo, empaña la limpieza de sus relaciones y lleva muchas veces a un oscurecimiento de la conciencia.
        Desaconsejar este tipo de trato no supone pensar mal ni ver malicia donde no la hay; es, por el contrario, advertir con prudencia –con realismo– el peligro de ofender a Dios, y de que la concupiscencia, alimentada por esa intimidad inapropiada, llegue a presidir las relaciones recíprocas, determinándolas reductivamente por la atracción sexual, lo cual no les une sino que los separa. Comportándose de ese modo, llegarían a verse el uno al otro, progresivamente, más como un objeto que satisface el propio deseo que como una persona a la que el amor inclina a darse 
        Sin descender a la casuística, nada impide que los novios tengan aquellas manifestaciones de afecto y de cariño que se consideran correctas en un ambiente cristiano. Existe una pregunta que, con frecuencia, se plantea: ¿hasta dónde se puede llegar?, que no tiene respuesta, ya que «cada etapa de la maduración humana, espiritual y cristiana, del amor debe tener sus expresiones afectivas y físicas apropiadas» . Es normal que los prometidos se manifiesten sensiblemente su amor , pero con la reserva que llama al rechazo de pasar hacia la unión sexual. Es claro que la moral cristiana no contempla como legítimas las relaciones prematrimoniales 

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